TIERRA DEL FUEGO
Argentina o Chile




El Vértice del Cubo que corresponde a Tierra de Fuego emerge en el más dramático de los ocho Lugares que conforman esta propuesta. Su propio nombre la enriquece. Por una "afortunada coincidencia", en él se contienen los dos elementos fundamentales --la Tierra y el Fuego-- que presiden el proyecto y "consolidan la armonía del alma del mundo".

Este misterioso archipiélago, situado a pocos grados del Círculo Polar Antártico, constituye el extremo meridional de América. Innumerables islas separadas por tortuosos canales, configuran la más laberíntica de las geografías. Una leyenda fueguina cuenta que, terminada la Creación, Dios estornudó dejando caer desordenadamente los restos de materia continental. Así fué como nació la Tierra del Fuego, desconocida en Occidente hasta la llegada de Magallanes y Elcano.


Fué en 1520, navegando en pos de las Islas de las Especias, cuando los españoles arribaron al confín en que se encuentran los dos poderosos océanos. Impresionados por su brutal naturaleza y por las muchas hogueras que humeaban en sus costas, lo describieron como "una tierra en extremo dura y fría" y lo bautizaron "tierra de Humos", nombre que Carlos V transmutaría definitivamente en Tierra de Fuego.

Pocos fueron los que después se aventuraron hasta aquellos lugares remotos. Salvo esforzados navegantes como Diego Ramírez, Schouten o LeMaire, nadie osaba enfrentarse con su terrible y fantasmagórica presencia. Los vientos gélidos y los naufragios innumerables ahondaban la despiadada leyenda de la Tierra de Fuego. La sola mención del cabo de Hornos hacía temblar a los más aguerridos aventureros, y el relato de sus horrores escalofriaba las metrópolis de la época.

Desde mediados del siglo XIX, la situación cambió por completo. Los ricos pastos ganaderos de la Isla Grande y, como en tantas otras ocasiones, la aparición del oro, aceleraron los esfuerzos colonizadores. Audaces pioneros del mundo entero llegaban para establecerse y hacer propia esa tierra, aparentemente, de nadie.

Aparentemente, porque hasta entonces y durante más de dos mil años, esa tierra había sido el país de los Ona, los Yamanes y los Alacalufes. Pueblos remotamente originarios de los dulces valles del Amur, cuyo raro destino les había llevado en su emigración hasta el más inhóspito confín del mundo. Silenciosos y distantes, ni por su lengua ni por su configuración física se asemejaban entre sí. Los Yaganes eran llamativamente bajos, vivían y pescaban en las regiones costeras y temían las asechanzas de sus vecinos, los Ona. Estos, en cambio, eran gigantes desmesurados que habitaban el interior de la Isla Grande. Con familias y aperos erraban a lo ancho y largo de su geografía, cazaban el guanaco y eran grandes guerreros que gustaban de mostrar su impávida dureza. Tan solo temían a unos seres fantasmagóricos --quizá las almas de sus antepasados-- que con ellos compartían los solitarios paisajes de la Tierra de Fuego.

Darwin, en su viaje a bordo del Beagle, los conoció. No le gustaron. Los llamó "miserables señores de esta tierra miserable" e, injusta y equivocadamente, los acusó de canibalismo. Años después, Lucas Bridge los trató con más atención y respeto, recopilando un diccionario de la lengua yagán que incluía más de 30.000 términos. Pero ya la suerte estaba echada. La larga emigración desde el Amur, había tocado a su fin. Como tantas otras veces, la llegada de un pueblo civilizado significaba la extinción de un pueblo primitivo.



En la actualidad el destino de Tierra de Fuego es otro. Su soberanía se mantiene pacificamente repartida entre Argentina y Chile. No hallaron tanto oro como se esperaba, pero sí otras fuentes de riqueza como petróleo, madera, pesca o ganadería. Ciudades como Ushuaia, Punta Arenas o Río Grande disponen de buenos puertos y han crecido estabilizando la población descendiente de los pioneros. Cada año crece el número de visitantes que de todo el mundo acuden atraídos por la fama legendaria y los inusuales prodigios de su Naturaleza, así descritos en 1921 por la Enciclopedia Espasa: "En pocos países se nota tanto el pasaje de lo grandioso a lo triste, de lo árido a lo ameno, como en la Tierra de Fuego. Majestuosas montañas cubiertas de eterna nieve, inmensos hielos, ruidosas cascadas, bosques espesos y siempre verdes, grandes despeñaderos y lozanos valles dan a aquella tierra un aspecto más admirable, variado y pintoresco que las más renombradas tierras alpinas".



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